Subir
RESUMEN DE LA OBRA LITERARIA LOS PERROS HAMBRIENTOS 
– Ciro Alegría Bazán –
Argumento del libro "Los perros hambrientos" de Ciro Alegría. 
Zambo, Wanka, Güeso, Pellejo, Raffles, Tinto y Manser, unos perros pastores y una pastora: Antuca, en el paisaje de las alturas andinas, tierras frias y secas, a cuatro mil metros de altitud. De aquí parte el autor para generar una obra original, honda, emocionalmente y realista.

La genialidad de Ciro alegría lo llevó a evocar desde el hospital donde escribió la novela una época de sequía en la sierra cuando él era un niño. Enfermo de embolia y con una amnesia parcial, escribe su segunda novela. Esos perros que ladran en el hospital son los perros de la infancia, de su infancia; son secuencias a lo Marcel Proust, que desdoblan todo ese tráfago de recuerdos.

Las peripecias se combinan con las consecuencias de una sequía terrible que malogró las cosechas y extendió el hambre. El hombre lucha no solamente contra el hombre, sino también contra su propia conciencia.

Las escenas de violencia son crudas y patéticas, como cuando muere el niño Damián; siniestras como la venganza del culebrón; de una crueldad primitiva como el asalto de los granjeros. En lenguaje sobrio y directo, narra las situaciones más dramáticas: el hambre de los perros los hace tan feroces que llegan a devorar las reces de las cuales fueron sus más fieles guardianes.

Si en la serpiente de oro se planteó una relación hombre – rio, aquí se plantea una relación tierra – hombre; es ese elemento vital, esa ilusión, la vida misma: “siembren, siembren. Que no queda ni una chacra de colono sin sembrar. Ya ven que fue malo el año que pasó: se juntó muy poco. Si éste es así, sabrá dios lo que pasará con sus hijos…”.

Pero las relaciones hombre – tierra cambian cuando la lluvia acaricia la tierra; todo se equilibra, los perros vuelven a ser los fieles guardianes y las gentes se tranquilizan al pensar en las nuevas cosechas: “Han sido felices días esos en los cuales, después de haberse perdido casi todas las cosechas del año pasado, sea visto llover de nuevo, se ha arado de nuevo, se ha sembrado de nuevo, patrones y peones se han confundido en un jubiloso abrazo con la tierra”.

Cualesquiera sean los personajes en sus diferentes novelas: el peón, pastor o el choclo, y cualesquiera sean los espacios protagonistas: el rio, el valle o las alturas, es constante la nota costumbrista del autor en todas sus obras.

Más allá queda la esperanza, la lluvia, ese canto que se guarda dentro del corazón del desposeído: “La siembra, el cultivo y la cosecha renuevan para los campesinos, cada año, la satisfacción de vivir. Son la razón de su existencia y a fuerza de hombres rudos y sencillos, las huellas de sus pasos no se producen de otro modo que alineándose en surcos innumerables. ¿Qué más? Eso es todo. La vida consigue ser buena si es fecunda”.
Comentarios